
UNA COSA QUE PERDÍ
Cuando tenía dieciséis años, un día, fui con mis amigos a un bar a tomar algo. Como en aquel momento salía del instituto, llevaba todos los libros y una carpeta. Al salir del bar, un amigo me llevó a casa en moto. Mientras estábamos poniendo todas las cosas en la moto, yo dejé mi carpeta encima de un coche. Cogí todas las otras cosas pero olvidé coger la carpeta y me fui en la moto sin la carpeta que estaba encima del coche. Cuando llegué a casa aquella noche no me di cuenta todavía de que no tenía la carpeta. De hecho, hasta el día siguiente por la mañana no me di cuenta del desastre: ¡en la carpeta estaban todos los apuntes de todo el curso de todas las asignaturas! ¡Sería muy difícil recuperarlo todo!
Al día siguiente, por la tarde, fui al sitio donde olvidé la carpeta pero no había nada de nada.
Afortunadamente, la persona que encontró la carpeta encima del coche, vio que dentro había una dirección y un teléfono y aquella misma noche llamó a casa diciendo que había encontrado la carpeta encima del coche y que, si quería, podía ir a buscarla en su casa. El día siguiente fui a la casa de aquella persona y... ¡menos mal!, era mi carpeta. Lo primero que pensé fue que había tenido mucha suerte encontrándola.
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